lunes, junio 10, 2013

El reencuentro

El viaje fue largo, casi 5 horas de carretera junto a cuatro extraños que hablaban de temas variados. Algunos dirigiéndose a mi algunos dirigiéndose al viento. Yo miraba por la ventanilla de aquel Peugot 508 negro. Afuera el sol estaba cayendo y podía ver las nubes pintadas de rosa, como en las fotografías que él me enviaba de vez en cuando.

Habían pasado tres semanas desde que yo había tomado aquel tren junto a mis enormes maletas, junto a un millón de recuerdos, algunas fotografías y los rastros de sus besos por todo el cuerpo.
Recuerdo mirar por aquella pequeña ventana ese día, las lágrimas corrían por mis mejillas. Lo veía alejarse, hacerse más pequeño, mientras el tren aceleraba poco a poco. Me iba. Quise bajarme un millón de veces pero mi cuerpo no me respondía y el tren continuaba. No podía sacarme la imagen de mi cabeza, quería retroceder en el tiempo, quería volver a Febrero. A aquella tarde, a aquella rosa, a aquel beso primero.

Había pasado los primeros días lejos de él sumida en tristeza y por las noches tenía la impresión de tenerlo a mi lado, de sentir su respiración cerca y sus brazos alrededor mío. Era sólo una triste ilusión en mi cabeza. Me había dado cuenta que sus brazos alrededor de mi cintura me daban los sueños más conciliadores de mi vida y despertar con uno de sus besos era necesario para comenzar mi día.

Mientras pasaban los días, crecía en mi cabeza la idea de hacer una locura. De todas formas mis impulsos últimamente sólo me habían traído felicidad y momentos de amor perfecto para los dos. La idea crecía más y más con el paso del tiempo, iba a cambiar mis planes, pero iba a ser feliz una vez más entre sus fuertes brazos y sus suaves y dulces besos.

Así que decidí volver a mi ciudad por un par de días antes de irme oficialmente de Europa.

No fue tan fácil decidir de esta forma, tuve que improvisar muchas cosas, hacer algunas llamadas y también hacer un giro económico, pero no importaba,  iba a volverlo a ver, eso me bastaba para revolucionar mi mundo por él.

Así que allí estaba yo, en ese Peugot 508, mirando la carretera por la ventana ansiando que sean las 22h00 para sentir de nuevo su perfume. De pronto vi una señalización, decía: "ANGOULÊME 70 km" Mi corazón dio un giro y saqué mi celular. Escribí: "70km mon amour, j'arrive ♥" (70 km mi amor, ya llego ♥). Realmente faltaban solamente 70 km, menos de una hora para llenarme de sus besos otra vez.

La mujer a mi lado al verme toda emocionada me dijo. "Parece que fueras a ver a tu cariño, se te ve muy impaciente y ansiosa" Le sonreí y con el color en mis mejillas le confirmé su sospecha. Las otras señoras muy curiosas me comenzaron a atacar con preguntas sobre él. ¿Es guapo? Muy guapo, un ángel de ojos brillantes, cejas tupidas y labios realmente sensuales. ¿Es gentil? Pues me trata como a una princesa, me trae rosas de tallo largo, el desayuno a la cama, cocina para mi y es todo un caballero. ¿Lo quieres? Lo adoro, él es el un chico único.

Entre preguntas e historias recorrimos los 70 Km en cuestión de minutos. De pronto pude divisar las luces de mi pequeña ciudad. Como la había extrañado, que falta me había hecho, no quería volverme a ir.
Comencé a sentir mis manos temblar, los nervios me estaban invadiendo cada vez más y más. El Peugot 508 negro se detuvo frente a la estación de buses, eran las 21h45 y muy pocas personas caminaban por allí y se podían ver algunos autos estacionados.

Me baje del auto y les agradecí por el viaje y con un abrazo les desee una buena continuación en sus vidas. Caminé un poco y entré a la estación. Había una señora sentada en una de las bancas, esperando un tren quizás. Giré mi cabeza hacia ambos lados y no lo encontré, vi mi reloj y eran las 21:55. De repente sentí un familiar olor, mi piel se puso de gallina y lo supe. Era su perfume, él estaba cerca. Entonces, sentí unos brazos rodearme por atrás y cubrirme con su calor. Allí estaba él.

Nadie ni nada podrá hacer que olvide ese momento. Nos abrazamos tan fuerte que no pudimos soltarnos, nos besamos tan apasionadamente que me quedé sin respiración. Algunas lágrimas rodaron por mis mejillas mientras lo contemplaba a centímetros de mis ojos. Allí estaba él, con sus ojos expresivos y bellísimos, su mirada penetrante, su pelo negro y sedoso, sus manos firmes sobre mi cintura y sus labios suaves sobre los míos. Estaba perdida entre su amor, estaba detenida en el tiempo, ese instante es eterno y aún lo puedo vivir como si siguiera él a mi lado.

Nos subimos a su auto y mientras el me contaba lo que había vivido en esas tres semanas sin mi. Yo lo contemplaba extasiada, "Tu es si mignon"(eres tan bello) le dije, y él sonrió de esa manera que tanto añoraba. No me había dado cuenta de donde me estaba llevando.

Detuvo el auto y salimos, estábamos en ese pequeño parque por el cual habíamos paseado tantas veces agarrados de la mano o en bicicleta. Había una vista preciosa de la ciudad y era sóla para nosotros dos.
Él me abrazó fuerte y me susurró al oído "Tu m'as manqué beaucoup nena" (Me has hecho mucha falta nena) Nos quedamos contemplando ese escenario como dos locos enamorados. No quería alejarme nunca más de él, no quería irme nunca más de su lado. Él sacó una flor pequeña de su bolsillo y la puso en mis manos. Siempre tan detallista, una flor más para mi recuerdo. Le di un beso en agradecimiento y  nos abrazamos unos instantes más.

Nos fuimos a casa. Yo tenía una sonrisa enorme al saber que al día siguiente despertaría con sus besos una vez más...


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